En la madrugada del 10 de octubre de 2009 los senadores nacionales aprobaron el proyecto de ley de medios audiovisuales.
La nueva Ley entiende a la comunicación audiovisual como un servicio esencial al que deben acceder todos los individuos, por ello establece que:
-Los cableoperadores deberán ofrecer una Tarifa social para que todos los ciudadanos podamos acceder al sistema de cable.
-Los señores propietarios de canales de aire y de canales de cable (nacionales o extranjeros con un 50 por ciento de su programación de ficción) deberán adquirir derechos de antena de, al menos, 8 films nacionales antes de iniciar su rodaje. Con lo cual veremos más cine argentino en nuestros televisores.
-Cada empresario cableoperador podrá ser propietario de hasta 24 servicios de cable en distintas localidades y no podrá ofrecer sus servicios a más del 35 por ciento de los abonados a nivel nacional. Esto rehabilitará la competencia perdida por los abusos de los empresarios oligopólicos. La competencia de los cableoperadores habilitará la diversidad de señales.
-Un mismo empresario cableoperador podrá tener en su grilla un solo canal de su propiedad. Esto habilitará la diversidad de señales, y el riesgo artístico de las mismas, ya que la grilla no quedará supeditada a los perezosos negocios mediáticos de los cableoperadores oligopólicos que hoy dominan el mercado. Esto beneficia a las compañías que producen señales de cable y, por ende, nos beneficia a nosotros como espectadores.
-Las señales de cable privadas podrán emitir hasta 6 (seis) minutos de publicidad por hora. Por tanto se vuelve a privilegiar el contenido por sobre la tanda y dejamos de ser nichos de publicistas para convertirnos en personas.
-El Estado Nacional reservará un 33 por ciento del uso del espectro radioeléctrico a la emisión de señales (radiales y televisivas abiertas) de organizaciones sin fines de lucro. Asimismo reservará un canal de aire estatal para cada provincia y uno para cada universidad pública. Esto habilitará la diversidad de contenidos no centrados en el mero lucro, tal como está sostenida la televisión de hoy, y permitirá el acceso a los medios masivos de una multiplicidad de voces acalladas durante décadas por el desbordado avance de los medios privados oligopólicos.